Lo que una vez fue camino de rosas se torna desierto. Un desierto de arena ardiente que quema los pies a cada paso. Detrás de la siguiente duna, el mar la espera para refrescar sus doloridos pies. No mira hacia atrás, solo desciende la última duna, con pasos de gigante y dolor en todo su ser, casi masticando el viento púrpura del atardecer. ¿Para que mirar atrás?, nada hay ya. Solo arena y desolación. Lo que un día fue frondosa y bella vegetación, el viento púrpura, caliente, espeso y casi irrespirable, lo destrózó. Por fin alcanza la playa, sus piés se refrescan. Mira hacia atrás, las dunas de arena, si vuelve, no la perdonarán. El viento púrpura del atardecer vuelve a soplar. Ya solo le queda el mar. |