El humo dibuja formas tan bonitas y raras, que me quedo mirando, como un estúpido, como cuando mi viejo se queda mirando una propaganda en la tele. Sí, se me cae un poco la baba, y sigo mirando las formas, la libertad del humo. Y suena también la música de fondo, que pasa de fondo a primer plano. Me olvido del humo, cierro los ojos. El ritmo me transporta, me hace partícipe. Yo soy la música, yo soy el espíritu en fuga. Y el ritmo también fluye, se empieza a alborotar. El espíritu quiere escapar, pero lo cercan sus guardias con sus corazones cerrados formando un círculo. Miro sus rostros: están cubiertos por máscaras y oscuridad. Siento que yo soy el espíritu. Y que me voy, dejando mi cuerpo, sin miedo alguno. Abandono el círculo de guardias, hacia arriba, elevándome. Y la música cesa. La fuga no fue tal. O ya estoy de vuelta. |