Sobre ríos de lava
espero mi muerte
envuelta en camisón de luto
agonizo lentamente.
Con una vela retorcida
le indico al carruaje
de ébanos caballos
la cripta de mi equipaje.
Le entrego con lágrimas ácidas
un corazón descompuesto
a la dama del abismo
ángel placido y perfecto.
La toma de mi pecho
soltando una diabólica risa
dejándome en pena enorme
con alma que ridiculiza.
Así, quede hueca al sentimiento
destazando la memoria
que como ardiente ácido
desintegra mi cruda alegría.
La muerte dulce y cándida
me libera del dolor
y ahora vivo feliz
ignorando lo que es el amor.
TLiLan
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