Me hundo en la cama, el tiempo me aplasta. Pone sus manos sobre mi cuello y comienza lentamente a presionar. Lo mejor es cuando pierdo la conciencia y ya puedo dejar de luchar contra lo inevitable. De pronto todo termina y un silencio enorme abunda en mis oídos.
Cuando comienzan de nuevo los ruidos molestos despierto en el mismo lugar. Tímidamente abro los ojos para confirmar que aún estoy viva. Lo confirmo y no es nada grato, hay días que sería mejor no despertar. Respiro lentamente y comprendo que será un día entero sin hablar.
Me levanto por inercia y salgo a buscar no se que cosa ni con que ganas.
Lo que nadie entiende es que aunque no se vean las marcas mi garganta sigue temerosa, el aire se ha traumado y nada puede vibrar dentro de mí.
No es que no quiera, NO PUEDO hablar.
Es comprensible que hoy mi vista esté perdida, lo que nadie sabe es que en esos días que no hablo, la noche anterior trataron de matarme.
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