Juro que no quiero amarla.
Quizás si quemara mi lengua,
o cortara mis dedos,
tal vez si partiera mi cabeza
y arrancara ese pedazo de recuerdo.
Pero también duerme en mi columna
me despierta por las noches
llevando sangre hacia mi pecho
secando mis brazos
consumiendo mi cuerpo
Juro, que no quiero amarla
pero respiré su aliento
y algo, no sé ...
entonces fiebre,
tormento constante en mis huesos,
una herida en mi estómago
inmóvil mis extremos.
Incapaces de acabar estos versos
por este dolor de enfermo.
Juro, que no puedo |