Una noche más
ella estaba allí.
Una noche más
ella le miraba,
con frialdad apagada
y con ansias de partir.
De nuevo una noche más...
Como una extraña cautiva,
como un barco sin su ancla,
navegando a la deriva
sin timón ni capitán.
Las ideas delirantes
taladraban su cabeza,
recordando a cada instante
su equivocado lugar,
de nuevo una noche más...
Su calidez le tortura.
Sus silencios son castigos
por tan austera conducta,
por su confusa agonía.
Sentimientos sin sentido.
Esperanzas infundadas,
que muestran el frágil brillo
que irradia su corazón,
al pensar en lo prohibido...
Con las manos temblorosas
acaricia el suave rostro.
Él sonríe y ella llora,
"de alegría", piensa él,
pues no sabe a quién añora... |