Caminando por una calle de Trujillo, un joven de aspecto no particularmente distinguido que estaba parado en una esquina, me entregó un volante. Esto es lo que decía:
Oportunidad única para jóvenes emprendedores. Trabajo sencillo, sin requisitos académicos, experiencia no indispensable. Gane dinero en su tiempo libre trabajando a su propio ritmo.
Y una dirección.
Y como yo cumplía con esos requisitos (a pesar de la aparente contradicción que eso implicaba); como me atraía sobremanera ganar dinero fácilmente trabajando en mi tiempo libre (que era mucho, si consideramos que dormir —mi única ocupación seria— no podía considerarse como tiempo libre); y sobre todo, como no tenía otra cosa que hacer y sí mucha hambre, acudí a la dirección.
Un señor muy amable me atendió, y me enroló sin contratiempos. Desde luego, cuando le pregunté en qué consistía el trabajo, me dio la única respuesta posible:
—Es para repartir volantes.
|