Muerta lloré sobre tu orilla,
la orilla que de encanto me inundó;
me inundó el alma tu eterna dulzura,
tan dulce que se ahogó mi corazón.
Y ahora mi corazón está preso de tus ojos,
tus ojos cristalinos, suaves, como el agua del mar,
el mismo mar que acariciaba la misma orilla,
la misma orilla que tantas veces me vio llorar. |