Martilla el alma y toca la llaga que nunca cicatriza
siento impotencia por no saber que hacer para ayudarlo
Si lo parí fue para bendecirlo
y no para llorarlo.
La prisión en que se encuentra, lo desconsuela
pero no ve la llave latir entre sus manos
que golpea fuerte a su puerta enfurecida
sin darse cuenta que destruye al ser humano.
Profeta en su tierra enceguecido
tampoco escucha, como niega su retina
el paso de su vida destructiva
quiere arrasar con el amor, que no es espina.
Seres crueles que buscan comerciar
trafican con humanos decadentes
débiles, cercados por el vicio
que se hunden muriendo cada presente.
No hay palabras justas y precisas
que busque y existan, compresivas
tratando de ayudarlo sin herirlo
para que se levante y viva el día a día.
Lo amamos y no comprende que decimos
sin intención, la verdad es toda suya
al lado de sus hijos que ven y escuchan
contribuye sin querer que se destruyan.
Solo se que quiero estar en su camino
ser la piedra que evite su cruel destino
que caiga con fuerza y se despierte
de esa pesadilla que impide estar conmigo.
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