Esa noche el bosque parecía más grande y profundo, el viento que se filtraba entre las hojas de los añosos árboles nos penetraba la piel y parecía querer congelarnos la sangre, la oscuridad reinante era tal, que resultaba imposible orientarnos, pero no tenía miedo, pues tú estabas conmigo. Caminabamos con pasos cansados tratando de encontrar una salida y fue en ese momento que ella llegó... rápida, certera, silenciosa, como una hábil ladrona, la muerte te arrebató de mi lado. Dejandome solo tu cuerpo inerte, al que me aferré con todas mis fuerzas, en un afán de restituír lo que ella se llevaba. No nos dimos cuenta, aún no sé como ocurrió. Solo sé que ahora estoy sola y debo continuar mi camino... |