Tus besos, siempre esquivos, se esconden tras un abanico de letras. Imagino la luz de tus labios tras esta pantalla azul, inexpugnable. El día me estremece, el cielo… tan parecido a tus pupilas. En mi ordenador huelo tus letras, te busco y anhelo aprenderte. Sueño con los fonemas de tu voz y el pestañeo de tus silencios. A veces me agita el fantasma de tu pelo… moreno, rubio… hueles a azul.
Tus párrafos acarician mis costas y bañan mis pupilas de océano. Ayer me heriste con una poesía de mar. Negra y envuelta en sus afiladas púas, no dude en acariciarla. Exquisito dolor y una púa que se clavó hondo en mi dedo. El veneno trepó gozoso, saltando de poro a poro. Olvidé respirar, olvidé el agua, olvidé… y mis musas murieron con la tez morada. Me robaste los cuentos y las poesías; las vocales y los diptongos. Ahora sólo te imagino y mis letras dibujan un sueño que nunca he vivido.
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