Si supieras cuanto te extraño, no dilatarías tanto esa presencia tuya que me a hecho tanto bien desde siempre.
Percibir el cálido rumor de tu aliento cuando charlamos entre juegos y sonrisas, es lo que no permite que me rinda ante el gran dolor de no poderte ver.
Un día más que pasa, es tiempo menos en el reloj de mi alma, mientras se acerca nuevamente el espacio en el que me reencuentre una vez más contigo.
29/4/2004
|