Mar adentro, en el infinito espacio de mi interior, allí donde el sol y la luna son uno y las estrellas son recuerdos. Más al fondo aún que la oscuridad de mi alma se esconde una luminaria.
Invisible, quieta y eternamente brillante me encandila todas las noches impidiendo al sueño su paso por mi subconsciente. La adusta luz que con su centellante presencia activa mis esperanzas también las hace trizas al tiempo que mi ser se derrite a su fulgor.
Solo ella y nadie más se impone en el vacío de mi universo interno, iluminando la nada con haces de nostálgicas reminiscencias.
Una luz cuya hacedora olvidó apagar antes de irse atormenta mis días en danzas macabras de esperanzas falsas y memorias de pasados dulces.
Allí donde mi quimera es víctima de la realidad, se alza ese arrogante resplandor que solo genera una sombra: la de mi moribundo amor.
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