Como los caníbales comen carne, yo serví mi cabeza en un plato al que desease comerme.
Los primeron en saborearme fueron mis enemigos, con la felicidad y la estrategia de que no existiera mas.
Los siguientes fueron mis amigos, que llorando y despreciando mi carne, mordían mis desechos casi vivos.
Por último mi familia, la mas dolida o demostrativa, me contuvo en una buena sopa. De las mas elegantes y las mas elaboradas. |