Las divagaciones galeras de la psiquis
caminan en recónditos pasillos.
Oigo a un poeta de asfalto
su aullido gritándole al mundo anacrónicos deseos.
Flujos de saliva en las comisuras
mientras los versos cuelgan.
Mixtura de semáforos en ámbar
peatones sin caras por lápidas humanas
bocinas de ambulancias en la vida.
Ladra gritos que no son de moda
persiguiendo el momento dorado del otoño.
Su aerógrafo escupe al cielo tributos de letras
dejará un estrella escrita en la galaxia
retales de verso y carne.
Impregnando el aire de canto
el poeta de asfalto vuelve sobre sus pasos
a la creación de sus celdas.
Xesca Almécija
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