Has cruzado el mediodía de mi vida
en el momento oportuno, en el segundo exacto.
Eres el responsable de todos mis develos,
y el heredero de los sueños que tengo.
Has transformado todos mis sentimientos
que siempre fueron presisos; matemáticos.
Tu estirpe transparente, tus ojos centellantes
atravesaron mi pecho en un instante.
Fué un momento que, entonces, viví una primavera.
Fué un latido que supo ser libre para amarte.
Pero volví a mirar en mis manos vacías,
en mi cama vacía, en mi baúl de lágrimas.
Y comprendí de pronto, con la luz encendida
que estas hecho de sueños y de caligrafía.
Carolina M.B |