Diríase que no está muerto,
es la luenga que pende
y en la jamba sus dos dedos.
Su cuerpo hiede,
tal vez sea su recuerdo,
hay un interfecto que aparece.
El sol se ha puesto,
mañana lo veré con ojos distintos
como en mil amaneceres.
Son los restos de un sistema
del rojo sangre al gris ceniciento,
camaleónicamente metamorfo.
En absoluto discreto. |