De aquello que antes fue,
nada ha quedado
Sólo un perfume sutil,
que me recuerda
el instante supremo del olvido
de él, de mí, de todo el resto,
del mundo entero,
de lo nunca hallado
y
sin embargo
prisionero
aquí en mis manos,
un bosquejo nunca terminado.
Nada queda del hombre solitario,
sólo un montón de cenizas y de huesos,
una voz apenas escuchada,
un murmullo lejano
y
enterrado,
un cantar ahogado en las estrellas,
lo que pudo ser
sin que nunca fuera
y
que la pampa
diluyó en la nada…
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