Llovía tan fuerte que se despertó. Las gotas de lluvia golpeaban contra los cristales sin compasión. Los pies se encogieron un par de centímetros al tocar el suelo, tan frío estaba. Y abrió la ventana. Estiró un brazo para coger una nube, acaso quería preguntarle porqué protestaba, porqué estaba tan furiosa, y la nubecilla, presa de una pataleta entre sus dedos, no cejaba en su empeño de llover.
Y así empezó el invierno.
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