No promuevo tempestades
Pese a creer en todas las revoluciones
-cauces y senderos en medio del desastre-
Esquivo el destino del mundo
Porque siempre habrá dinamita borracha
Que borrará la huella de regreso al abrigo.
Prefiero hablar,
Del constante estado de latencia del volcán
Como se dice,
Estoy tranquilo, calmado, nervioso.
Me sugiero observar
-e incluso-
Desear que este estado de permanente
Equilibrio inestable
Se mantenga por el tiempo suficiente
Para ver crecer el pasto
Que sembré en el jardín
Escuchar a los lejos las bocinas de los carros
Valorar el Cuerpo
Conservar la pega
-Aunque adhiera una y otra vez a la huelga del alma-
O para quedarme contemplando
-Ya sea en imagen o en cuerpo-
A quien amo.
No hablo de inequidades
Aún cuando es demasiado evidente
-Si se cae de maduro!!!-
Que la naturaleza se compensa de esa forma
-Al igual que las dos piezas de un engranaje-
Me quedo quieto
Por temor a que las cosas se muevan
Callo, Callo por respeto
-León Felipe me dio una lección sobre la importancia del silencio-
Sin duda el conocimiento es el mejor preservante de los ímpetus
-La familia, la propiedad privada y el estado también-
La desidia, la certera compañera,
Que me permite levantarme cada día
La abulia, la incondicional pócima
Para no sucumbir ante el ideal y el heroísmo
- o al menos demorar la rara deriva hacia la mierda-
En fin,
La principal prueba de anonimato.
Aún cuando lo que no quiero que ocurra
Ocurriese
-Y creo que inevitablemente será así-
Estaré dispuesto a lavar tus heridas
A proteger tu espalda
A sacar agua del pozo
A consolar tu tristeza
A darte fuerzas por las mañanas
….y ternura al dormir.
Si fuese que debiera hacer las maletas
Partiré contigo al único rincón
Donde el brazo de la destrucción
No abrace la pradera
Depositaré hasta el último aliento
En componer una canción
Que nos de descanso
Aún cuando el lugar que escojamos
Como nuestro refugio
Apenas dure un segundo
Sobre la faz de la tierra.
Más si la libertad me impide partir
Para responder a la pregunta planteada
Por esta bendita y maldita realidad,
Habrá que poner empeño
Para parar la cacerola,
Despejar las calles para el “Rock & Roll” que se nos viene,
Aprender karate,
Y darle duro al enemigo que se viene feroz,
Si la libertad nos impide partir
Nos quedaremos acá, a pie firme
-junto al vecino de los cuatro puntos cardinales-
El hombre no se asila
Y daremos la batalla que se viene.
Si sirve de aliciente,
Aun queda mucha cerveza y música
En el refrigerador.
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