Nevado, desierto y tempestad
Nevados de fuego,
–la cúspide,
donde erguidos rebosan
de la única miel
que sacia mi paladar.
Desierto dorado,
oasis de aguas dulces
–y veneno,
tras el monte
de la diosa del amor.
Ciclón, tormenta y tempestad,
agitando sus aguas
–onduladas,
dominando del mundo
su humanidad.
Así era mi amada,
y más, mucho más era,
su piel canela,
cuando amaba mi cuerpo
en un solo palpitar.
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