QUIERO A UNA MUJER MUDA.
Quiero a una mujer muda
que no se ha contaminado en los secretos
ocultos de las ciudades,
la quiero porque es ella
entera y viva de sangre centelleante
la quiero completa, pegada a la inexistencia
invisible en las manos reposadas sobre estos hombros
imperceptible, ligada en mis arterias.
La quiero sin verla
porque no es sociedad,
está apartada donde lo lógico
encuentra coladores y cuchillos
cercenando estatuas,
la quiero lejos de manos violadas en codicia
apartada de discusiones sin destino
de manchas encostradas
que se secan sobre la vida de los residentes
en techos y maderas aisladas del frío,
de la verdad, de la pasión, del sentir, del pensar.
Por eso la quiero sin entender, sólo con pálpitos de labios
y rasquidos de lápices temblorosos,
con la humildad de no existir, no ser,
desaparecer del tiempo para guardarme en ella
quedarme encrustado en su cuerpo,
en la inconciencia.
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