Un centavo
Imaginar que una moneda,
un centavo,
de tu despreciable amor
es capaz de descarrilar
el tren de mi orgullo.
Imaginar que,
de ahora en adelante,
tu nombre maldito
será la hiedra infernal
que trepa las paredes
de mi corazón.
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Cuesta abajo
El solo hecho
de pensar en tu nombre
me fastidia,
he llegado a los insultos.
(Y pensar que te quize
más que a mi vida.)
Mi penoso camino,
al fondo del mismisimo infierno,
acaba de empeorar.
Lloraré por
la más grande de mis derrotas.
Y sonriendo con amargura,
brindaré con alegría
maldiciendo tu vida. |