Necesito de una buena mujer,
Y de un buen café;
Con canela y azúcar,
Como aprendí aquella vez.
Necesito un suspiro en mi cuello,
Una caricia pasiva,
Con velo de ternura.
Necesito también que no mires cuando te beso,
Que me toques sino desespero;
Me arropes con tus alas,
Sentir tus palmas en mi cara.
Y tú mirada funesta,
Aquella de travesías impensadas;
La necesito por ser tuya y de nadie más.
|