¿Qué ve el hombre de traje gris
y maletín en mano,
con la mirada en alto
y los ojos muertos?
¿Adivina la escamosa culpa
que se expande y se retuerce,
rebosando sangre y aceite,
bajo los restos de su naufragio?
¿Distingue acaso las señales de tormenta
en el horizonte incrédulo,
y levanta su nariz con orgullo
frente a la ruina inminente?
¿Sabrá entonces hacerse preguntas?
¿Sabrá navegar sobre sus propias aguas negras?
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