En la oficina, prácticamente no hablaba. Se rumoreaba que había firmado el contrato por señas, y que la entrevista de trabajo había sido una sublime
exhibición de mimo. No faltaba quién le atribuyese poderes vampíricos, dado el uso constante de una atemporal levita; otros le tildaban de anacoreta venido a
menos, recién bajado de la cueva en la montaña, y obligado por una infinita melancolía a procurarse obligaciones mundanas, sin dejar de llevar a cabo por
ello un voto de silencio al que se había comprometido hacía decenios.
Obviamente, en la oficina, prácticamente nadie le conocía. |