Eramos dos desiertos inciertos, cada quien por su lado invernal.
Nada buscabamos, nada...
La vida era un ir y venir de peregrinos a nuestras soledades, llenas de rutina, balbuseando sueños juveniles, de etapas no superadas.
Y el barco del destino ancló en las dunas, y con su suspiro de viento arrastró la arena.
Todo el paisaje quedo tan llano que nos permitió vernos, estabamos distantes solo por aquellas cuestas.
Y desde entonces surgieron palmeras, agua dulce y frutos, todo un oasis.
Ahora no somos solo una ilusión de gente que pasa , somos el refugio de caravanas que llegan a calmar su sed y a dormitar en nuestro hospitalario jardín. |