la dulzura contigo, madre
. . . . . . . . . . . . . . En la Residencia Adavir
Un fulgor amarillo, horizontal
repasa las cortinas del salón,
Recorre su marfil toda la estancia,
impregna los sillones, los sofás,
anida en los ancianos
señores de la calma,
nombrados sol de otoño
que se adormece
al calor de sus visitas.
Flotamos, madre, en este aire
cuyo soplo detenido nos envuelve.
Pule tu rostro en luz,
amasa el pan en nuestras manos
que reposan como aves
dormidas en tu falda.
Lento rutila este maíz
mientras desgrana
la gloria dorada del instante.
Abril 2009
Ángeles Yagüe Suárez
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