Mariquita siempre soñó con un príncipe como los de los cuentos. Un chulazo repeinado con doble barbilla, podrido de dinero, y de autocomplacencia.
Alguien que viniera a casa y le sacara, peldaño a peldaño, en voladas, como si fuese parapléjica.
Buscaba como loca un esposo que quedase lucido en la foto de la repisa, alguien que le colmara de caprichos y le siguiera la corriente, y sin embargo... ¡pobre Mariquita! con su maridito pescadero que estaba loco por ella, que no le compraba joyas sino que parecía empeñado en que hablaran de todo... y es que, en qué cuento se ha visto semejante cosa... |