He de haceros una confesión, la más horrible y ruín, sin duda.
Me gustaria poder decir, pero no soy un petulante, que perdió la cabeza aquel día que me rechazó, pero, sin ella nació.
Perseida vive entre ensoñaciones y metafóras.
vive como el jinete, al igual que él, se dedica a cortar cabezas, la suya.
Fue congénito, me lo confirmó su madre...el otro día se rompió el brazo tras escribir mil metáforas.
Pesadas son sus imágenes, dice ella, y yo digo que menos mal que nadie la entiende.
Que deje de cortar su cabeza, llegará el día en el que su fluir sea el de mayor calidad mientras el mío, habrá dejado de existir.
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