Seminario de gloria
Ha pasado tanto tiempo entre mis manos y he dejado arrancar la luz de la esperanza, esa que me seguía y me vigilaba por los senderos frágiles y tentadores de la luna. Hoy he entregado mi cuerpo, mi mente y todo lo que tengo por un mismo fin,
enamorado del destino entre mis muelles de palpitos de amor por mis encierros tempranos y mis cabizbajas sombras, recorro en las noches el privilegio de amarlo y de seguirlo, pues mi camino desde hoy se viste de negro con el cuello blanco y la sonrisa eterna. Muchos días pensé en dejarlo, pero el juramento ante el agua sagrada aclaraba mis ideas y me imploraba seguirlo adorando, en aquel rincón de frutas donde no existe limite al hombre y cada ser descubre el principio de sus días de vida, allá lejos, donde todo se ve claro y el sol se disfraza de espuma.
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