Aún no me explico cómo, segundos antes, no sentía esta terrible soledad. Debe ser porque mis oídos se acostumbraron a los gritos de guerra, que solo aumentaba el odio entre los bandos. Debe ser por las balas que recibí, que ahora estoy solo en esta oscuridad vacía y silenciosa. Siento envidia por los vivos… y ellos sentirán lo mismo por mí. Así es la vida… |