Feliz, desgraciada, maníaca, depresiva, dulce, amarga. Loca de contento, rota, seca. Dura y quebradiza, blanda y elástica.
Así es como ella podía sentir más alegría de la que cualquiera hubiera sentido jamás, y más desesperación de la que nadie hubiese podido sospechar nunca.
Aceptar aquello, que su vida sería una perfecta montaña rusa, que para ella no existiría la estabilidad sin amor. Que no habría rutina pues huía de ella, que prefería sentir desesperación a no sentir nada.
Reconocer por fín, que se sentía atraída por las pasiones. Y que luchar desgarradamente por imponerse una dictadura racional, sólo ofrecía arrepentimiento.
Aceptar aquello fue la puerta a darse la oportunidad de vivir como quería. De perder la esperanza para encontrar la libertad. |