La intolerable indiferencia
de su mirar,
la soberbia de su juventud
y su intimidante belleza,
alejaba a todo galante
de seducirla con rozas frescas.
De fingida sonrisa
y asfixiante hablar,
lo conseguía todo
con su caminar…
A sus huellas,
quedaban heridos
aquellos amantes,
que alguna vez
se cruzaron en su camino.
Mortal para el amor,
dejo corazones
ahogados en sus latidos
letal para dar cariño
contemplando su reflejo
solitaria quedo.
Esos desamores,
marcaron su rostro
las lágrimas llenan esos surcos,
que ahora en solitario
gotean a sus cansados pies.
Ya no queda reflejo
de esa soberbia juventud,
no queda encanto
en su andar,
solo una ligera brisa
recordándole que el tiempo
se va…
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