Titubeante emerge
con nostalgia una voz
que remienda sus cuerdas.
Son lamentos inevitables,
es la fiebre que se cuela
con su calor y su sed.
Nadie escucha, es muda
es todo un silencio agudo
disparador de olvidos.
Miedo irracional y torpe,
su lengua agazapada
traba el paladar y el grito muere.
Sin aliento se duermen,
la memoria se vulcaniza y arde
como bengalas de despedida.
MARÍA DEL ROSARIO ALESSANDRINI.
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