Bastó una noche para que todo acabara. Embelezada por sus deseos, me enrumbé en engañosa travesía.
Lecho equivocado, virilidad tentadora.
Dejé que me tocara, tal y como alguna vez me ordenara.
Desnudé mis miedos. Y mi cuerpo, oculto hasta entonces a todo, por fin se atrevió a abrirse entero.
Mi imperfección se tornó bella, ¡por primera vez sentí que era bella!, mientras sus blancas manos hacían de mí, virginal musa.
Respiré su aliento y con él, el veneno que hoy me condena.
Creí nacer cuando en realidad empezaba a morir.
El hada del cuento despertó del sueño y, confusa -tal vez aterrada-, arrancó sin piedad mis alas, rasgó mi cuerpo desnudo y se embadurnó entera con mi sangre.
Yo tenía una fantasía, pero hoy me fue arrancada. Alicia me abandonó y creo que esta vez no hay escapatoria.
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