Subí las escaleras, eran muchas, como 15 pisos, pero no me importó, llegué a la azotea, tomé aire, abrí los brazos y me lancé, sin pensar en nada, sin importarme nada, recién me había tirado y ya estaba arrepentida, grité, pero no lo pude hacer por mucho tiempo, mis músculos se acalambraban y respirar me resultaba cada vez mas difícil, cerré los ojos, me aferré a mi miedo, y asumí lo que había empezado
|