A caballo entre los siglos I y II de nuestra era vivió el historiador, filósofo y moralista romano Plutarco. Su obra principal y más conocida es “Vidas paralelas”. Se trata de una serie de biografías emparejadas en las que se resaltan las similitudes en las trayectorias vitales de dos personajes históricos, uno griego y otro romano. Verbigracia, Julio Cesar y Alejando Magno.
Los apologistas de la intransigencia religiosa y algún que otro columnista ignorante han intentado asemejar a dos personalidades tan diferentes como Saladino y Bin Laden. El principal interesado en este paralelismo ha sido el propio Bin Laden, para así revestirse, de forma tan gratuita como inmerecida, del prestigio y del aura legendaria del sultán kurdo. En junio de 2001 se hizo pública esta declaración suya: “Veremos de nuevo a Saladino blandiendo su espada y derramando la sangre de los infieles”.
Que sean los hechos los que hablen:
En la batalla de Jaffa, última de la tercera cruzada, el rey Ricardo Corazón de León fue desmontado de su caballo. Al constatar Saladino la delicada situación de su rival, manifestó que no era propio de un rey tan grande combatir de aquella manera, y, acto seguido, envió a su hermano Malik al Adil con dos caballos árabes para el rey cristiano.
El 11 de septiembre de 2001 el grupo terrorista Al Qaeda, dirigido por Bin Laden, estrelló dos aviones Boeing 767 contra las Torres Gemelas de Nueva York. Dos mil doscientas sesenta y dos personas inocentes murieron. Las víctimas - muchas de ellas, trabajadores inmigrantes - pertenecían a cerca de un centenar de países.
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