Qué fácil
resulta provocar
y cuán grato comprobar
el (in)existente
calado moral, humoral,
ético
y/o intelectual
de quién entra a trapo;
qué sencillo,
qué bizarro,
ese sonido de amenazas,
Señoría,
fin de mi alegato;
Fulano,
queda usted absuelto
pues la comedia
no es delito...
después más tarde
en la soledad
de la noche y en el campo
un tiro por la espalda
en el nombre
de un dios de Iglesia
que no de humanos,
en nombre de una democracia
para la burocracia
y los mandatarios.
La sencillez
de la provocación
sólo es equiparable
a la del asesinato. |