En la historia que inventé, no existe el olvido,
las palabras no hieren, las sonrisas no acaban.
En la historia que inventé, tus labios me besan,
tus brazos me abrazan, no existe el dolor.
En la historia que imaginé, tus ojos son mi lumbre,
tu cuerpo mi refugio, no existe el silencio.
En la historia que imaginé tu risa me acompaña,
mis ojos te miran, no existe distancia.
En la historia que inventé, no existe el olvido,
tu silencio es palabra, tus besos no acaban.
En la historia que inventé,
el “te amo” existe y lo oigo de ti…
|