Al microscopio parecía una gotita más. Vibrante y cruel dentro de su evolución. El científico, con ansiedad galopante, introdujo el último cóctel químico que faltaba.
Por el lente vio como una linda gota elemental se esparcía y formaba otra, única e irreprochable.
Para diferenciarlas, nombró Adán a la primera y Eva a la segunda.
Viscosamente, el experimento fue registrado en la Biblia, para que los Hombres aprendieran de la ciencia y no se enfrascaran en inútiles dudas espirituales. |