Me gusta la poesía
Me estaba vedado decírtelo, pero hoy te lo digo:
me gusta la poesía.
El amor habitaba en un rascacielos de veinte y tantos pisos
y desde la ventana podíamos ver el amanecer confuso, indefinido.
Hasta aquí llegaba la contaminación,
ese monóxido del desarrollo, hijo de este barco que irreversiblemente
se va a pique.
Y allí, nosotros, en posición horizontal, paralela, como se ponen
los cuerpos extenuados
después de una batalla campal en favor del amor;
allí, fijos los ojos en el falso techo blanco, ausentes
pero sólo por unos momentos
aunque el camino era largo y nos quedaba trecho que recorrer.
Sí,
ya sé que me estaba vedado decírtelo
y para justificarme
te diré que tenía que decírtelo
aunque incumpliera leyes que a muchos son desconocidas.
Me gusta la poesía, sí
y tenía que quitarme ese peso de encima,
darle voz a este silencio
aunque de ahora en adelante tengamos que callarnos
y los amigos lo sepan.
Y resumo:
me gusta la poesía porque tú
en medio de estos gases tóxicos
sigues siendo poesía.
2.II. 83
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