Odio estos momentos,
momentos de aburrimiento,
momentos de autocompasión,
momentos de pensamiento y reflexión.
"¡¿Cómo lo hice?!", pienso,
"¡¿Cómo lo hice para perderla?!".
Es en estos momentos
cuando deseo llorar,
perder todo vestigio de indiferencia
que presenta mi fachada de bufón.
Llorar sin miedo a ser visto
por aquella que creía
que las lágrimas eran sólo
imaginación para mí,
que mi sonrisa era siempre verídica
y no una máscara tras la cual
me ocultaba realmente.
Con aquella sonrisa
conseguí darla toda la esperanza
y optimismo que pude, pero
¿quedó algo para mí?
|