-Pues eso. Tengo veinte años y noto como todas esas responsabilidades acechan a la vuelta de la esquina. Y no, tío. No tendré novia, no tendré hijos, ni hipoteca, ni trabajo. No quiero nada de eso. Quiero seguir como ahora, no quiero que nada cambie.
-No podrás tener veinte años eternamente, Luis.
-Ya, claro. Esto... se me ha hecho tarde y no llevo suelto, ¿me invitas tú? Yo te invito la próxima vez.
-Como siempre -digo para mi mismo, mientras Luis sale corriendo casi a través de la puerta cerrada- Como siempre.
Segundo y medio más tarde, ruidos en la calle. Claxon, frenazo, golpe sordo y grito de multitud asustada. Antes de poder pensar, ya estoy fuera mirando.
Luis era capaz de cualquier cosa con tal de hacerme la contraria. Aunque su cara de asombro parece decirme que el tampoco esperaba tener 20 años para siempre. Después de todo, parece que no me invitará al próximo café. |