Entre miles de cartas viejas, encontré la tuya. La que una vez me escribiste, la que una vez me entregaste y yo releí innumerables veces entre lunas y soles andantes.
Una historia que comenzó con un verso y que al poco andar se convirtió en amor, si es que podemos llamar amor, si es que podemos llamar historia, a un largo microcuento que aun no tiene final.
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