Cuando el segundo, el minuto, la hora, el día o la irónica y feroz vida culmine, cierra tus ojos y sumérgete en las profundidades de la melodía, que la luna bañe tus costas, transita la placidez de los senderos silenciosos, cólmate de amor lembrando el regazo maternal y el dulce sabor del cuento nocturno y el beso en la frente. Retén la calma en tus sienes y llénalas de olas que acaricien tu más íntimo deseo. |