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Inicio / Cuenteros Locales / KARISTESE / Marea alta parte 11

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Marea alta parte 11

Por un momento me dije cuál sería la manera de empezar a superar todo lo que me aqueja. Empezar por mi pasado. El regresar y querer remediar lo que hice, eso ya no es posible y sería inútil, regreso para darme cuenta de cuál es el verdadero problema y no querer cambiarlo, mejor no repetirlo. En ocasiones me doy cuenta de que mis padres son los culpables de mis inseguridades, nunca tuve la confianza de contar lo que en mi corazón sentía y mucho menos hablar del niño que me gustaba. En una ocasión como toda niña inocente me compré un diario. De esos que las niñas compran para escribir lo que sienten, piensan. Pero mi madre violó la regla de oro. Leyó mi diario. Fue una intrusa y con maña se metió en mis cosas. Y sobre todo que se atrevió a herir mis sentimientos sin darse cuenta de que lo estaba sintiendo. Por la tarde nos sentamos a la mesa y se dispuso a decir que me gustaba David, que era un chico muy guapo. En todo momento lo dijo en burla. Recuerdo que mi corazón en ese momento me empezó a latir como bomba. Desde ese momento hasta el día de hoy nunca he hablado de mis sentimientos con ellos y mucho menos con ella. El lazo de confianza ella misma lo rompió. Es más mi padre pagó mi carrera pero cuando fue mi examen de la universidad, mi examen profesional no los llamé para que asistieran, tenía la cabeza llena de lagunas, eran tantos los problemas que nos aquejaban en ese momento que mejor nos les dije nada. No me arrepiento de haber hecho eso. Mis padres me lo reclamaron pero que podía hacer en ese momento. Nada. Un lunes por la mañana le dije a mi jefa que necesitaría unos días para ir a ver a mi familia. Accedió y tomé mis cosas y me encaminé de nuevo a casa. Durante el camino llevaba de Víctor y mía una foto que nos tomamos en aquel parque. El tenía una sonrisa y mi cara llena de felicidad.

Cuando llegue a casa estaba igual que cuando tomé mis cosas y me fui. Pensé tocar la puerta, después de varios minutos me atreví. Toqué la puerta y ella, mi madre me abrió la puerta. Me recibió solo con “hija, pasa”. La casa se encontraba en las mismas condiciones no tenía nada de diferente y la gente que en ese lugar tampoco había cambiado.

En todo momento pregunté por mi padre, que se encontraba en el cuarto todavía acostado. En nunca mi madre me ofreció algo de tomar. Vi una foto en la sala de mi madre con otra mujer, le pregunté que quien era y su repuesta fue que era la esposa de mi hermano. Y después dirigí la vista a otro recuadro donde se encontraba mi hermano a lado de la mujer del otro retrato junto con mis padres y dos pequeñitos. De pronto se escucharon unas vececillas que eran las de unos niños y mi padre los perseguía para jugar con ella. En mi corazón se sentía una bomba que iba a explotar y sin decir nada se metió a la cocina. Me senté de la impresión, mi papá salió y jugó pelota con los niños, y en ese momento se remontó a una escena del pasado. Recuerdo que fue cumpleaños de mi padre y mi mamá le hizo una fiesta donde invitó a mi abuela, la mamá de mi mamá y a la familia de mi madre. Recuerdo que mi padre estaba platicando con ella y le dijo “el día que Mireya tenga hijos en ningún momento la voy a apoyar, ella no es para tener hijos. Y que ni me traiga a nadie, y si lo hace le doy las llaves del carro para que hablen pero no quiero a nadie en casa.” Mi abuela muy molesta le dijo “los padres estamos para apoyar a los hijos y no darles la espalda” mis padres nunca han conocido a ningún hombre que esté conmigo. La falta de comunicación enfrió a la familia. Mi padre siempre trabajó y nunca preguntaba de nosotros, nunca jugó a la pelota ni nada. Sin embargo las cosas nunca fueron buenas en casa. Cuando mis padres cumplieron 25 años de casados enfrente de la familia meses antes de la fecha importante mi padre dijo “no haya nada que festejar con esta señora”. ¿Cómo era posible que después e 25 años se diga eso? Al ver eso siempre me dije que ni me casaría y mucho menos tendría hijos.

Desperté del sueño y mi mamá me dijo si me quedaría a comer y le dije que sí, y ella se metió a la cocina. Al dar un recorrido con la vista por parte de la casa me dije que esa ya no era ni mi casa y mucho menos mi familia. Tomé mi maleta y me salí de la casa. No creo que mi madre me haya querido buscar porque me quedé en la esquina atrás de un árbol y la puerta no se abrió.
Decepcionada de lo que había pasado regresé a mi casa pero llegue a un parque que está cerca de mi casa, de mi mejilla se deslizaba una lagrima de amargura y coraje. Una linda y hermosa joven embaraza de aproximadamente ya 9 meses me ofreció un pañuelo. Sus palabras tan dulces me consolaron. Por las lágrimas mis ojos se nublaron y de pronto desapareció.

Arrastrando los pies regrese a casa y me postre en mi casa. El calor bochornoso de la noche se mezcló con el coraje que me gruñían las tripas que me levanté de mi cama y fui hacia el refrigerador y me comí todo un frasco de mermelada con refresco, me senté en el piso y me puse a llorar. Como a las 3 de la mañana me levanté a vomitar. Así hasta las 6 de la mañana. Tomé mi bolso y fui a buscar una farmacia, y la misma farmacia donde conocí a Víctor, estaba una ventanilla abierta y pedí algo para el dolor, el tendero vio como en plena calle volví el estómago. Me atendió, le dije lo que horas antes había comido, y el coraje que había pasado. Me recetó un par de pastillas muy fuertes que pude dormir bien. Al día siguiente eran las 8 de la mañana me levante, no desayuné solo me puse unos mallones en color negro y salí a correr. La última vez que corrí tenía 35 años. Pensé que no llegaría ni a un kilómetro pero no fue así. Sorprendentemente corrí 9 a kilómetros. No sé de donde saque fuerzas. Solo estaba concentrada en conseguir el ritmo glorioso de una buena carrera, en sentirme saludable y enérgica. Continué corriendo mientras escuchaba el choque del oleaje y saludaba con un gesto de reconocimiento a los que venían corriendo en dirección contraria.

Por la tarde era tanta mi tristeza que tomé el teléfono y le marqué a Víctor.

-¿diga? Dijo el.
-hola, soy Mireya.
-Mire ¿cómo estás? ¿Estás bien?
-no – dije entre lágrimas.
-¿pero qué te pasa? ¿Te hicieron algo?
-pues… fui a mi casa donde vivía con mis padres y me recibieron como si fuera una extraña.
-te voy a ver a tu casa.
-no, espera. Solo te hablo para escuchar tu voz.
-mi vida – dijo dulcemente – hoy corriste 9 kilómetros
-¿Cómo sabes? – pregunté muy consternada.
-te vi correr por la playa, yo iba a comprar un par de cosas. Me iba a acercar a ti pero como me dijiste que querías tiempo.
-me hacía mucha falta hablar contigo. – le dije.

Pasamos en el teléfono 2 horas con 25 minutos. Lo bueno es que no me cobran las llamadas ya que hice de las mías para no pagar solo con mover unos cuantos cables. Me dormí como un tronco. El sol entró por la ventana era miércoles, a esa hora ya estoy lista para ir a trabajar, revisé mi celular y vi un mensaje de Víctor que decía te extraño. Quería pensar todo, pero pensar mucho no es bueno, ese hombre me transmitía una bondad y humildad a la que era imposible permanecer insensible, me doblaba cuando lo veía. Sus ojos se iluminaban cuando me hablaba, me hacía sentir única. Pero eso de sentirme única solo me correspondía a mí. Era ya viernes y al día siguiente lo iba a ver, me daba miedo pero tenía que dar una respuesta. Salí a tomar un helado en la tarde. Y desafortunadamente vi al inútil y bueno para nada de mi ex, Cristian. Me miró y fue inevitable el escaparme, me acerque a él.

-Mireya ¿estás muy…?
-¿qué? ¿Gorda?- le dije irónica.
-no…bueno – dijo él.
-Cristian para ti yo solo he sido una gorda. -con cara de vergüenza miro a nuestro alrededor para ver si había gente mirándonos. – ¿qué? Te da pena que sepan quién eres en realidad?
-bueno he cambiado. – replica el
-si claro. ¿Y ellos?
-son mis hijos, y ella es mi esposa.
-espero que tus hijos nunca sepan lo patán que eres, y sobre todo esa mujer soporte el maltrato psicológico que eres capaz de dar y que sin pensar si hieres a la gente. Pero no te apures que ya te perdoné y me perdoné a mi misma por haber permitido tus maltratos. Es más haz de cuenta que nunca nos conocimos. Permiso.

Me fui sin comprar mi helado, y me fui a dar una vuelta por la playa. Con las sandalias en la mano y caminando a la orilla del mar a lo lejos vi a la mujer que me había dado un pañuelo en aquel parque con un bebe en brazos me imaginé que era su bebe. Porque la primera vez que la vi tenía un vientre de 9 meses. Me daba cuenta de que la gente encontrara la felicidad en un hijo aunque no son la base del matrimonio creo que embellecen la vida de una pareja. Creo que a mis años mi reloj biológico no soportaría un embarazo. Mi peso y mi edad serian de peligro para él bebe. Seguía caminando y de pronto una brisa acompañado de un aroma a mar y un par de gaviotas pasaban en el cielo ya de color rojizo con amarillo y naranja. El sol ya se escondía, y por primera vez y en tanto años que llevo viviendo en la playa logré ver la línea de color verde que se forma cuando el sol se esconde por completo para dar luz cálida a otros lugares. Me parecía extraño vivir esos fenómenos juntos. Llegue a mi casa y sudando demasiado y me di un baño. De nuevo vi mi cuerpo desnudo frente al espejo. Logré ver mi hermoso cuerpo, ya no importaba si tenía algunos kilos de más. El cuerpo es más que un recipiente para contener el espíritu, que es lo que nos define, el espíritu no el cuerpo. El espíritu es el alma.

Continuara…

Texto agregado el 15-03-2013, y leído por 97 visitantes. (0 votos)


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