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Inicio / Cuenteros Locales / Carmen-Valdes / Desde mi prisión (VI) / La Verdad

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La verdad

Abrí los ojos, estaba recostada sobre mi abdomen en un cama blanca con un colchón delgado pero muy limpio, me di vuelta lentamente, me sentía cansada, me habían despojado de mis ropas y de mis armas, comencé a recorrer el lugar con la mirada, era igual al sótano que había visto en sueños, las celdas eran de barrotes gruesos, un gemido animal me hizo sentarme prontamente, pude apreciar mejor el entorno absolutamente a-séptico, vi a mi compañero de viaje atado sobre una camilla y tres personas rodeándolo. Le inyectaron algo con una pequeña jeringa, le soltaron las ataduras y lo depositaron en la celda adyacente.

Entonces ellos vinieron hacia mí, me pregunté en mi interior si sabrían de la fuerza calórica que yo producía y me propuse atacarlos si no obtenía respuestas, mis sentidos estaban en total alerta, junté mis manos para calcular mi energía, sentí el calor de inmediato así que esperé con calma a que abrieran la reja que me separaba de ellos. La mujer que al parecer los lideraba me indicó que me calmara, que no me harían daño, que yo necesitaba saber algunas cosas.

- Siéntate – me pidió con autoridad

- ¿Quiénes son ustedes? - le pregunté con mi voz ronca que casi no reconocí – ¿Porqué estoy aquí?

- Cuando niña estuviste con nosotros Annette ¿no lo recuerdas? Tu madre, tu padre y tu hermano mayor, estaban enfermos, tu clan completo en las montañas, pero no era una enfermedad, lo supimos después, es uno de sus genes que se desarrolló mutando violentamente y los cambió.

Sentí como si me golpearan el pecho con una piedra al escuchar sus palabras, sentí como el calor en mi cuerpo aumentaba.

- ¿No recuerdas nada Annette?

- No - gruñí con mi voz cada vez más extraña

- Debes calmarte si quieres que te ayudemos a frenar el cambio….

Me enfurecieron más sus palabras, oí mi voz cavernosa de nuevo, algo que no era yo, era quien hablaba, y yo, arrodillada dentro de mí, iba desapareciendo

- ¿Frenar mi cambio, para que no te mate vieja maldita?

Entonces la mujer comenzó a hablar pausadamente, no para mi alter ego, sino para la otra, la que arrodillada esperaba

- Volviste aquí por que tus ancestros convertidos en sombras te trajeron para que los vengaras, pero tú no les hiciste caso al parecer y seguiste absorbiendo agua… no eres la primera que vuelve a eliminarnos… pero no podrás… por que el metal de los barrotes es igual al de la red, si te toca te desvanecerás. Debes escucharme, hay cosas que debes saber si no quieres que todo cambie, si no recibes tratamiento, te enajenarás, te convertirás en una bestia, sin raciocinio, sin ningún control… como tu hermano y tus padres...

- ¿DONDE ESTAN ELLOS? ¿QUE LES HCISTE MALDITA? – Le grité furiosa

Ella retrocedió unos pasos, unos de los hombres que la acompañaba, apretó un botón que abrió una cortina dejando a la vista otra celda, allí dos perros negros con mis mismos ojos rojos, me miraban tristemente. Uno de ellos estaba en el piso, jadeante, moribundo.

- Y el que está en la celda a tu lado es tu hermano. Ellos huyeron de aquí cuando descubrieron que tú estabas en la casa de tu familia adoptiva, no aceptaron que el cambio era malo para ellos, que terminarían convertidos en bestias, y cuando la energía calórica se acabara, terminarían siendo solo sombras. Los cazamos por meses, mientras estuvieron aquí mantuvimos el gene a raya, buscábamos una cura para ti y para tus descendientes, pero fue tarde, cuando los encontramos ya eran animales, sin razonamiento, solo guardan un vago recuerdo que los une a ti

- MIEENTES - Le grité nuevamente, pero mi voz ya era un gruñido - ¿Entonces por qué me encerraron en esa cueva?

- No fuimos nosotros, queríamos traerte de vuelta, porque sabíamos que el cambio ya venía, el gene se detona desde los 16 años en adelante, estabas a salvo hasta entonces y esperábamos tener una cura, creo que fue alguien de tu familia adoptiva, tuvo miedo, las sombras visitaron a tu tío, le exigieron que te protegiera y le explicaron que debía llevarte lejos de nosotros, pero parece que él, al comprender lo que eras, pensó que estarías mejor muerta.

Mi yo exterior gruñía como el animal que era, mientras desde mi prisión interior yo me encogía, ¿mi tío? ¿El quiso matarme? ¿Es que acaso no éramos familia? La furia me invadió completamente, era mentira, el no me haría daño jamás…

- No creo en ti vieja, mientes para salvarte, pero no escaparás

Dicho eso, junté mis manos para atacarlos con todo mi poder, la fuerza de la onda de calor fue tan intensa que remeció el lugar hasta los cimientos, después todo quedó a oscuras y en mi locura quise empujar los barrotes de la celda, pero caí al suelo gimiendo…

Texto agregado el 30-05-2013, y leído por 162 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
2013-06-06 04:29:18 Esta más que interesante te sigo***** lagunita
2013-06-03 06:28:34 seguimos leyendo... un abrazo sendero
2013-06-02 19:01:43 Sigue progresando... esta interesante-5* sugonal
2013-06-01 02:56:48 Bravo, bravo... esto se pone mejor en cada capítulo. Sigue adelante!! Un abrazo. gsap
2013-05-31 13:30:58 Estuve en recorrido afectuoso por tus letras. Te aplaudo de pie. ***** susana-del-rosal
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