En tus viajes soñé sueños mercúricos,
pesadillas febriles y acaloradas.
Tu estabas en camino
y yo te miraba a lo lejos
y de mi, ni un susurro arrancabas.
Tus ojos me rogaban súplicas
los míos no respondían ni lágrimas.
Te cansaste de esperar tristeza
y huiste sin mirar atrás.
Los días pasan lentos, sombríos,
sonríen hipócritas y me niegan el sol.
Yo ya no te espero, lo siento,
pero cuando llega la noche
te cuelas en mi almohada
con tus ojos grabados en los párpados míos,
y mi respiración se corta al verte
y lloro,
y al parecer miento,
aún hoy te espero
y también lo siento. |