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Inicio / Cuenteros Locales / franexpulsado / Reflexiones de un antiheroe (segunda parte)

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Es difícil entonces en todos los casos permanecer como un ojo objetivo cuando nuestro temperamento es más bien de estallar, de un descargue completo y permanente (eso no quiere decir que el carácter nos haga actuar sin la luz de la razón, dando gritos y puñetazos a todo lo que nos rodea) Muchos son los de carácter fuerte y espíritu noble que pasan desapercibidos y permaneces en silencio ante la peor de las catástrofes.

Pasa el tiempo y cuanto más me convence esa vieja frase anotada en la puerta de mi habitación. “Jamás logramos fastidiarnos de la vida, nos cansamos de nosotros mismos”

Que mejor que ahogarnos en música para dejar libre nuestro vomito colérico.

Resulta ser un trabajo sobre exigido expresar ante los demás nuestra visión del mundo. En la mayoría de los casos a nuestro interlocutor no le interesa realmente, aunque sea este, justamente, el que haya abordado el tema y formulado las preguntas. Agotador es revelar nuestras ideas, nuestras sombras y perspectivas ante personas que realmente no nos interesan. Mejor permanecer callado, abrir la boca cuando nos rodeen oídos inteligentes; de lo contrario malgastaremos nuestro tiempo mientras que los presentes rostros adoptan una expresión de desconcierto y duda. En el peor de los casos, seremos culpables de provocar el incendio de centenares de neuronas que se esforzaron por entender, sin poder llegar a comprender al fin.

Cuantas veces me dirigí hacia la misma plaza, situada tan solo a unas pocas cuadras de mi casa, con un nudo en la garganta y el estómago en llamas; inquieto, vacío y triste. Hoy como otras veces termine buscando un buen árbol en donde sentarme y poder descansar. Me encontraba preso de ese deseo de extraña libertad que me es difícil de explicar. Fui atacado una vez más por el sin sentido de la vida, de mi vida. Permanecí en silencio observando un cielo gris y brillante que quemaba mis ojos. Busque una salida en medio de una infinidad de caminos y decidí (como siempre) no tomar ninguno. Tan solo espere, mudo y con un poco de ansiedad la llegada del ocaso. ¿Acaso hay respuestas cuando florecen esas semillas anidadas en las entrañas, esa lluvia de fracaso y desilusión?
Cuando llegue al tope de la tolerancia que mantengo conmigo mismo, se acercó un perro (una perra en realidad) salida de no sé dónde, para ofrecer su simpatía y cariño. Le devolví el gesto con un centenar de caricias y cumplidos y se tendió pansa arriba y hasta beso mi mejilla (si, los animales también pueden besar) luego centro su atención en un perro tan blanco como la nieve que recorría la plaza junto a su dueña y se separó de mi por un rato. Aproveche cuando cruzo la calle al encuentro de un tercer perro que observada con curiosidad a mi nueva amiga para emprender el camino a casa (me incomoda y hasta me entristece que los perros de la calle me sigan, quisiera llevarme a todos bajo el brazo, y obviamente no puedo) Al llegar, note como mi malestar había menguado considerablemente; y advertí que ese hermoso animal había sido una especie de salvador momentáneo a las horas tormentosas de la tarde del domingo. No considerare al animal como un amuleto de la buena suerte ni mucho menos, pero realmente contenta a uno recibir el afecto de quizás, el más noble, leal y humilde ser de la tierra.


Muchos pasan los días intentando y deseando cambiar aspectos de su vida, si, seguramente en muchos resultaran por un corto periodo beneficiados, pero generalmente, ignoran que el primer síntoma posterior al cambio es querer volver a cambiar. Ciertamente los cambios más importantes son aquellos que logran desviarnos del abismo de la autodestrucción.

Cae la noche, y el cuerpo aliviana el peso del día. La tensión disminuye y la rutina, es apenas una brisa y ya no un viento helado que golpea sobre el rostro. Esto siempre y cuando mantengamos una relación armoniosa con nuestra soledad. Muchos son los que viven la noche como un infierno por no haberse entendido con ella.

Los padres suelen ser dignos de admiración o de rechazo. Pocas veces de indiferencia.

Despertar muy temprano cada día, Intentar insertarse en la sociedad buscando todas las mañanas un empleo, con el agotamiento en los huesos y los currículos bajo el brazo.
Ante semejante escena, ¡cómo no sentirse uno desplazado y totalmente excluido!

Muchas caras hermosas y bellas piernas recorren la ciudad, y muchos horrendos corazones y sucias miradas las persiguen.

Texto agregado el 30-04-2014, y leído por 112 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
2014-08-24 22:35:32 Encuentro cosas bastante interesantes en lo que expresas, efectivamente a veces un animal puede demostrar más afecto y comprensión que un ser humano, el amor de estos seres siempre será incondicional y el de los seres humanos la mayoría de las veces estará condicionado a algo...Mis 5* estrella_celeste
 
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